La gentrificación es un concepto que proviene de la palabra inglesa gentry (alta burguesía). Es un proceso que ocurre en todas las ciudades con un rápido desarrollo económico como París, Londres, Barcelona y Berlín.

Es algo especialmente notable en esta última. Aunque Berlín es bien conocida como una metrópolis joven, creativa y emergente, la realidad es que los berlineses luchan contra la gentrificación.

Barcelona y su lucha contra la gentrificación

Berlín, ciudad gentrificada

Cuando cayó el muro de Berlín, los suburbios del este de la ciudad estaban prácticamente vacíos. Muchos ciudadanos de la antigua RDA abandonaron sus hogares para ir a trabajar a Occidente.

En esa época, jóvenes, inmigrantes, punks y artistas se instalaron en esos bloques vacíos donde nadie quería vivir. Crearon una subcultura que hoy en día es la que atrae a la gente. También crearon una marca simbólica e interesante que es utilizada por los gobiernos locales como atracción turística.

Así que ahora todo el mundo quiere vivir en la ciudad de moda de Berlín, donde los alquileres de las viviendas suben, se abren pequeños y agradables cafés, así como restaurantes veganos y tiendas caras.

La zona se aburguesa, y los pequeños cerrajeros que hacen duplicados de llaves se mudan a otros lugares más baratos. Los vecinos de toda la vida, esos que habían creado la esencia del barrio, se ven obligados a marcharse porque no pueden pagar el nuevo nivel de vida.

Gentrificación, la enfermedad del éxito de una ciudad

Alemania ha sufrido muchas situaciones de conflicto debido a los llamados colectivos creativos. En la ciudad de Hamburgo, por ejemplo, grupos de artistas han okupado edificios en protesta por los planes urbanísticos.

Y en Berlín, el movimiento Spreeufer-fuer-alle organiza regularmente manifestaciones contra Mediaspree, un grupo inversor que planea comprar edificios y terrenos cerca del río Spree.

Los berlineses intentan defender y mantener una ciudad con espíritu joven, manteniendo los alquileres muy por debajo de los de otras capitales europeas como Londres o París. Pero si una ciudad se hace atractiva para vivir, la oferta y la demanda hará el resto.

Por esta razón los procesos de gentrificación siguen siempre pasos similares, pero nunca son idénticos.

Barcelona y los Juegos Olímpicos

En ciudades como Barcelona, por ejemplo, el proceso no fue tan claro como en Berlín. En la metrópoli catalana, la gentrificación se percibió más a partir de los Juegos Olímpicos de 1992, cuando procesos similares fueron acompañados de grandes proyectos urbanísticos que elevaron los precios en las zonas renovadas.

Por ejemplo, la Barceloneta, un barrio de pescadores, experimentó una gran transformación con la urbanización de sus playas. En un barrio donde sólo vivían pescadores, los alquileres pronto empezaron a hincharse y la zona se hizo popular entre los turistas.

En parte, esto se debió al Fórum Universal de las Culturas de 2004, un extravagante proyecto urbanístico que sólo sirvió para rediseñar todo el barrio y crear más instalaciones turísticas, lo que incitó a gastar e invertir desde el exterior.

La ciudad como negocio

La mejora de las condiciones de vida de un barrio degradado no suele terminar beneficiando a sus habitantes. La gentrificación es, en parte, una consecuencia de la concepción de la ciudad como negocio.

Muchos opinan que el desarrollo de un barrio tiene que ser un proceso más social, democrático y sostenible hecho por y para las personas. De lo contrario se corre el riesgo de convertir grandes zonas de la ciudad en un parque temático.

Existe un documental titulado “Bye-bye Barcelona”, disponible en YouTube, que nos muestra las consecuencias de estos desarrollos urbanísticos y de situar el turismo como estrategia central para el futuro de la ciudad.

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